La media tensión casi nunca se elige: se descubre. Y se descubre tarde, con la inversión ya comprometida y un calendario cerrado, cuando aparece una condición que nadie había metido en las cuentas. A partir de ese punto el suministro deja de ser un asunto administrativo y pasa a ser infraestructura: algo que hay que proyectar, tramitar y construir.
Aquí verás qué significa exactamente tener el suministro en media, a partir de cuándo te lo van a exigir, qué implica el centro de transformación que lleva asociado y, lo que más se pregunta, si el ahorro en la factura llega a pagar esa inversión.
Qué es un suministro en media tensión
En un suministro corriente, la distribuidora transforma la energía en un centro suyo y te la entrega ya en baja tensión, lista para usar. Tu instalación empieza en la caja de protección y lo que hay antes es asunto de la compañía.
En media tensión eso cambia. La energía te llega tal como viaja por la red de distribución, a una tensión muy superior a la que usan tus máquinas, y transformarla pasa a ser cosa tuya. Dicho de otro modo: la frontera de tu instalación se mueve hacia atrás y asumes un tramo que antes no era tuyo.
En resumen: en baja tensión compras la energía ya preparada; en media la compras antes de preparar, más barata, y te encargas tú de adaptarla. Ese «te encargas tú» tiene nombre y tiene precio: el centro de transformación.
Por qué te lo exigen
No es una preferencia de la distribuidora ni una forma de complicarte la vida: la red de baja tensión está dimensionada para un rango de potencias y, por encima de cierto punto, deja de poder atenderte con garantías.
Como referencia, alrededor de los 100 kW la distribuidora ya no suele resolverlo en baja y pide que el suministro se plantee en media, con su centro de transformación. No lo tomes como una frontera exacta: lo que manda en último término es la capacidad que tenga la red en tu punto de conexión, y por eso dos parcelas con la misma potencia solicitada pueden recibir respuestas distintas.
Hay un caso que pilla desprevenidos a muchos promotores: en edificios de viviendas que superan esa potencia se exige reservar un local para un futuro centro de transformación, aunque no se instale de momento. Si no se prevé desde el proyecto del edificio, encontrarle sitio más adelante sale mucho más caro.
¿Te han dicho que tu caso va en media tensión? Cuéntanoslo y te decimos qué implica.
Consulta gratuitaQué supone: el centro de transformación
Es la pieza que reduce la tensión de la red a la que usan tus equipos, y es lo que convierte esto en una obra. Tres cosas que conviene tener claras desde el principio.
Es tuyo
Cuando el centro es de abonado, forma parte de tu instalación: lo pagas, queda en tu propiedad y respondes de él. No es una infraestructura que ponga la compañía.
Necesita proyecto, no basta un certificado
No se legaliza como las instalaciones de baja tensión. Lleva proyecto firmado, dirección de obra y su inspección antes de poder ponerlo en servicio.
Tiene un coste que no se acaba
Si es de abonado, el mantenimiento y las revisiones periódicas corren por tu cuenta mientras la instalación exista. Es un gasto recurrente que hay que meter en el cálculo, no solo la inversión del primer día.
La contrapartida: la energía sale más barata
Aquí está la otra cara, y casi nunca se la explican a quien recibe la noticia. Los suministros en media tensión se acogen a tarifas de acceso distintas, con peajes más bajos que los de baja, y la diferencia se nota sobre todo en el término de potencia: la parte fija que pagas todos los meses, uses lo que uses.
En una instalación con potencia contratada alta y muchas horas de funcionamiento, esa rebaja no es simbólica. Es una cantidad que se repite cada mes durante toda la vida de la instalación, y es exactamente lo que tiene que ir devolviendo la inversión.
Cuánto cuesta y de qué depende
No existe un precio de catálogo, y quien te dé una cifra por teléfono sin haber visto tu caso se la está inventando. Lo que sí se puede explicar es qué mueve esa cifra, que es lo que te permite entender por qué dos presupuestos no se parecen en nada.
Y por encima de todo manda una variable: la potencia final que necesites.
La potencia decide casi todo
Marca el tamaño del transformador, la aparamenta que lleva el centro y hasta el espacio que hay que reservarle. No es una cifra administrativa que se escribe en un impreso: es la que arrastra el resto del presupuesto.
Los metros hasta el punto de conexión
La distancia que te separa del punto que te asigne la distribuidora, y el terreno que haya por medio, explican una parte enorme del coste. Es lo que menos se pregunta y lo que más varía de una parcela a otra.
La obra para alojar el centro
No cuesta lo mismo un centro a pie de parcela que uno integrado en el edificio o enterrado. Aquí se decide buena parte de la diferencia frente al transformador, que es lo primero que todo el mundo mira.
Lo que factura la distribuidora
Además de la obra, hay derechos que cobra la compañía por conectarte a su red. Salen de la solución técnica que se apruebe, así que se conocen cuando el expediente avanza, no antes.
Cuéntanos qué potencia prevés y dónde estás. Te decimos qué solución encaja.
Consulta gratuitaEl dimensionamiento lo hacemos nosotros
Si la potencia es lo que más dinero mueve, acertar con ella es la decisión más rentable de todo el proyecto. Y es justo la parte que no deberías resolver tú por tu cuenta.
- ·Pedir de más te sale caro dos veces: pagas un centro mayor y más obra al principio, y después un término de potencia más alto cada mes durante años.
- ·Pedir de menos te deja corto justo cuando la actividad crece, y ampliar después obliga a volver a tocar el centro y, a veces, la propia acometida.
Por eso el cálculo lo hacemos nosotros, y empezamos siempre por las facturas: son el mejor punto de partida para saber qué consume de verdad tu instalación. La cifra con la que suele llegar la gente viene de otro sitio, de sumar lo que declara cada equipo por separado, y describe un escenario que en la práctica no llega a darse.
A partir de ahí dimensionamos con criterio: la potencia que pide tu actividad hoy, más el margen razonable para lo que tengas previsto. Esto es lo que miramos.
- 01
Tus facturas
Lo que pagas hoy y cómo se reparte entre potencia y energía. Es el punto de partida y suele ser lo único que hay que buscar.
- 02
La potencia que vas a necesitar de verdad
No la que tienes contratada, sino la que pide tu actividad ahora y la que va a pedir si creces. Aquí es donde se decide casi todo.
- 03
Dónde está tu punto de conexión
La distancia y el trazado hasta la red de media condicionan la obra, y la obra condiciona buena parte del presupuesto.
- 04
Qué tipo de centro encaja
Si se queda en tu propiedad o pasa a la red, porque cambia la inversión, el mantenimiento y los trámites.
Con eso encima de la mesa te decimos qué necesitas, qué implica y si el ahorro en la factura llega a devolver la inversión en un plazo que te encaje. Si no sale a cuenta, también te lo decimos.
Si decides dar el paso, lo llevamos nosotros
Aquí es donde mucha gente se echa atrás, y casi nunca por el dinero: por no saber por dónde se empieza ni con cuánta gente hay que hablar. No tienes que hablar con nadie.
Redactamos y visamos el proyecto, abrimos y seguimos el expediente con la distribuidora, dirigimos la obra y, si no tienes empresa instaladora, te la buscamos y nos mantenemos en contacto con ella para comprobar que se ejecuta lo proyectado. Es lo que hacemos en los proyectos de media tensión.
Sobre los tiempos conviene entender una cosa: la parte que depende de nosotros y de la instaladora es la que menos manda. El ritmo lo pone la distribuidora, y ese ritmo no se compra. Por eso, cuando alguien nos avisa de que tiene una inversión en marcha, lo primero que hacemos es abrir el expediente con la previsión que tenga en ese momento, sin esperar a que todo lo demás esté cerrado.
Y si del estudio sale que lo tuyo se resuelve en baja, te lo decimos y lo tramitamos igual, sea un alta de nuevo suministro o un aumento de potencia.